En aquellos años también se conformaron, como destacamos, varias bibliotecas privadas que serían célebres posteriormente. Las más importantes eran efectivamente las de Saturnino Segurola y Pedro de Angelis, cuyo catálogo circulaba habitualmente entre los letrados. Las formas y mecanismos de constitución de las bibliotecas privadas han sido objeto de estudios parciales, aunque desde perspectivas excesivamente descriptivas. Cabe señalar que el análisis de los procesos de conformación de bibliotecas privadas exige un examen previo de la constitución de amplias redes de vínculos entre eruditos y letrados que excedían el espacio rioplatense. Exilios y viajes habían permitido tejer relaciones estrechas que hicieron posible posteriormente no solo el intercambio y la confrontación de ideas sino también la circulación de libros, impresos y copias y originales de documentos. En el caso específico de los documentos históricos, la proximidad temporal con los sucesos sobre los cuales se escribieron las primeras obras sobre el pasado rioplatense, unida a la relación familiar entre historiadores e historiados, provocaba que gran parte de la documentación que debía consultarse para escribir los primeros relatos sobre los nuevos Estados se encontrase en repositorios particulares. Como los libros, los documentos circulaban también a través de esta extensa y tupida red de relaciones personales. Josefa Sabor (1995) analizó el modo en que Pedro de Angelis construyó su biblioteca y su colección de documentos. Las formas fueron diversas: compras, canjes, copias, donaciones y quizás también robos. La base de su biblioteca eran los libros que transportó desde Europa. Ya en Buenos Aires mantuvo vínculos con varias librerías europeas en las que solía adquirir ejemplares a cambio de sumas cuantiosas: «Tengo cuentas y recibos de mis libreros de Londres y París que importan lo que me hubiera alcanzado a poblar una estancia» (citado en Sabor, 1995, p. 163). Al mismo tiempo solía comprar libros y documentos, sobre todo a viudas y familiares directos de los propietarios originales que requerían con urgencia el dinero. Sabor ha descrito la manera en que se hizo de los documentos relacionados con el Tratado de Límites de 1777 entre España y Portugal. Algunos se los compró a antiguos funcionarios que habían participado en la demarcación de límites y de otros obtuvo permiso para hacer copias. Los libros y documentos históricos eran objetos que ingresaban así en un activo intercambio. De Angelis los canjeaba periódicamente, los ofrecía en garantía por préstamos y los cedía cuando no podía pagar por fondos recibidos. Sabor ha destacado también que, en 1829, hizo un ofrecimiento 161
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