XIX y era objeto de frecuentes visitas de particulares interesados en el estudio de diversos aspectos del pasado rioplatense. BIBLIOTECAS PRIVADAS, BIBLIÓFILOS Y CIRCULACIÓN DE LIBROS Los circuitos privados de venta, acopio, préstamo y colección de libros reconocen orígenes coloniales y crecieron a lo largo del siglo XIX con una vitalidad que contrastaba con la de la Biblioteca Pública. Su desarrollo fue extensamente estudiado, entre otros autores, por Domingo Buonocuore, en varios textos publicados entre las décadas de 1940 y 1970 (véase especialmente 1968, 1974). El comercio de libros era habitual ya a finales del periodo colonial. Formaba parte entonces de la actividad de casas importadoras dedicadas a diferentes rubros. Buonocuore (1945) ha señalado la presencia de figuras como José de Silva y Aguiar, conocido en Buenos Aires y Montevideo por dedicarse a este oficio en aquella época. También puede advertirse a través de sus textos cómo se fue construyendo un primer vínculo entre los coleccionistas y los mercaderes de libros: en 1803 el comerciante José Dantas recibió la más importante biblioteca porteña de aquel entonces, la de Juan Baltasar Maziel, para su venta al público. También era conocida entre la élite burocrática la existencia de ricas bibliotecas privadas como la de Julián de Leyva, síndico del Cabildo, o la de Joaquín de Araujo. El naturalista Félix de Azara consultó asiduamente la del primero para escribir algunos pasajes de sus informes. Por otra parte, en 1826 ya había cinco librerías en Buenos Aires, pero su función no se limitaba al comercio sino que algunas también operaban como lugar de acceso a los libros a cambio de una cuota mensual. Además, eran sitios de tertulia y encuentro entre los estudiosos. El caso más conocido es, sin duda, el de la librería de Marcos Sastre, conocida como «Librería Argentina». Había sido fundada en 1833 y en 1835 se conformó en su espacio un gabinete de lectura que permitía el préstamo de libros a domicilio. En 1836 se creó allí el Salón Literario, lugar de reunión que se convirtió tiempo después en espacio de encuentro de opositores a Rosas, lo que provocó su cierre. Las existencias de la librería fueron luego subastadas y pasaron a manos privadas. Algunos ejemplares fueron comprados por un inmigrante francés de apellido Lucien, que abrió poco tiempo después otra casa de venta de libros. 160
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