adquirieron colecciones más bien pequeñas —de entre 14 000 y 24 000 volúmenes—, con un predominio de obras en francés y otros idiomas extranjeros —89% de los títulos provenían de Europa—. Aunque creadas para promover la difusión del libro nacional, las obras de autores centroamericanos constituían el 5% o menos de estas colecciones. La más exitosa de estas bibliotecas nacionales fue sin duda la de Costa Rica, que acumuló más de 100 000 volúmenes. Este crecimiento debió su impulso a una fuerte campaña estatal de alfabetización que redujo rápidamente las tasas de analfabetismo en centros urbanos y generó un fuerte aumento del número de lectores y de la demanda de libros. La Biblioteca Nacional de Costa Rica fue tal vez la única biblioteca de la región provista de gran variedad de materiales y abierta a la consulta de todo tipo de público, incluyendo escolares, lectores de novelas y toda persona que necesitara información práctica. El ensayo de Flores Ramos traza el desarrollo de las bibliotecas de Puerto Rico en un contexto colonial. Examina el devenir del Gabinete de Lectura de la ciudad de Ponce durante la dominación española (18351898) y luego la Biblioteca Insular de San Juan, que pasaría a llamarse Biblioteca Carnegie gracias al apoyo financiero de la Fundación del mismo nombre hacia 1916-1917. El primer proyecto refleja el esfuerzo de un grupo de liberales y autonomistas por dotar a la ciudad de Ponce de un espacio de lectura para sus residentes letrados. Esta institución adquirió la forma de una subscription library; se trataba de una pequeña colección construida en base a la suscripción de sus socios-usuarios. Esta biblioteca nunca excedió los 3500 volúmenes y el número de lectores fue más bien bajo. El segundo proyecto fue producto de la nueva administración norteamericana. El gobierno de ocupación creó la San Juan Free Library, una biblioteca por suscripción pensada como un instrumento para la educación popular. Esta biblioteca catalogó sus obras bajo el sistema Dewey y obtuvo donaciones de obras en inglés del gobierno de Estados Unidos. En 1903 se transformó en la Biblioteca Insular, una combinación de biblioteca pública y archivo de documentos gubernamentales. Esta nueva organización acrecentó su acervo hasta poseer más de 25 000 volúmenes, parte de los cuales conformaban la Colección Puertorriqueña. En 1916, con un subsidio importante de la Fundación Carnegie, la biblioteca pudo construir un edificio moderno y mudar allí sus fondos bibliográficos. Al frente de ella se nombró al primer puertorriqueño graduado en bibliotecología en Estados Unidos. Para el autor, la 15
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