Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

apropiado para su biblioteca —ya que tenía que compartir el espacio con enfermos, medicinas e incluso huesos—, el príncipe regente D. João ordenó la construcción de un edificio apropiado en las catacumbas de la Orden Tercera del Carmelo, donde se pudiera «organizar y mantener dicho establecimiento». En 1811 la biblioteca fue abierta al público, aunque, nuevamente, con un criterio muy selectivo: estaba reservada exclusivamente para académicos con consentimiento real, un privilegio difícil de obtener. Sin embargo, la necesidad de autorización previa fue eliminada en 1814 y el acceso se hizo libre para todos. Para esta época, la Biblioteca ya ocupaba todo el edificio del hospital y contenía alrededor de 60 000 libros, siendo considerada una de las mayores colecciones en las Américas. Pero «libre para todos» no significa que fuera realmente pública. La frecuencia de visitas era realmente baja. En 1815 solo Pedro I ingresó a la biblioteca, pero ni aún él pidió algún libro en préstamo. La filosofía general de los bibliotecarios, como vimos, era la misma: se trataba de conservar los libros, no de diseminar conocimiento. Esa fue la razón por la cual la Biblioteca Real continuó existiendo como una especie de secreto, un regalo para un grupo pequeño de privilegiados. La idea era preservar los libros como se preservan piezas raras del pasado: un pasado que no se podía tocar. Esa es la razón por la que, para los bibliotecarios y para el Estado, ningún tipo de cuidado era excesivo al tratarse de este patrimonio: libros de horas del Renacimiento, incunables (desde Cícero a la Biblia de Maguncia), partituras, libretos, villancicos españoles del siglo XVII, códices, dibujos y grabados (de Dürer, Rafael, Rembrandt, Piranesi, van Dyck, entre otros), trabajos de historia, ciencia y filosofía (desde la Historia Natural de Buffon hasta la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert), textos sagrados, trabajos de escritores portugueses del siglo XVI (Camões, Luís de Barros, etc.) y libros inusuales de catequesis y gramática. Otras valiosas donaciones y adquisiciones llegarían a Brasil después y le otorgarían un perfil más amplio: tratados, leyes, mapas estratégicos, libros, documentos raros y grabados fueron incorporados a una colección que se mantenía alejada de la vida cotidiana. Algunas colecciones fueron donadas en esta época y la organización de la Biblioteca Real era, por decir lo menos, confusa. Los libros y otras piezas no eran clasificados sino solamente divididos en categorías generales: documentos, libros raros, libros generales, incunables, mapas, dibujos, monedas y medallas (Schwarcz & Azevedo, 2003). 149

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