Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

de Janeiro que D. João, Rey de Brasil, gobernó su Imperio y fue desde el trópico que la Biblioteca Real empezó su nueva vida. Una antigua Alegoría que se usó para celebrar el nuevo reino y los libros que salieron de la imprenta del reino —la Imprensa Regia— fueron preservados en la biblioteca desde ese momento. Algunos documentos, incluyendo, por ejemplo, Quadras patrióticas à bem castigada ousadia de Napoleão ou a esparrela em que caiu Massena82, se distribuyeron entre la población para mostrar la importancia del reino portugués y el fracaso de la Francia napoleónica. La imprenta había estado prohibida en la colonia, pero fue autorizada en este contexto para publicitar a la familia real que ahora estaba viviendo en un lugar distante de Europa y de la guerra. Y aunque la Biblioteca Real no era un lugar para que cualquiera vaya a estudiar allí, sí se convirtió en una especie de repositorio del conocimiento que se producía en ese momento y en un depósito de la memoria de la familia Bragança y la nostalgia del viejo Imperio. Esa era, el menos, la visión de los bibliotecarios, que se consideraban a sí mismos trabajadores del Estado y que llegaron junto con la familia real. Marrocos, por ejemplo, pese a que nunca salió de Brasil y se casó y murió en la colonia, siempre pensó que la biblioteca solo estaba atravesando por un periodo de transición. Marrocos nunca quiso mantener los libros en la colonia y trató de impedir la entrada del público a la biblioteca. Los libros estaban organizados según un criterio personal y, muy probablemente, era difícil acceder a ellos sin la ayuda de los bibliotecarios. Esa era una manera de preservar su poder, pero también de impedir el libre acceso a los libros y el crecimiento de la biblioteca, al menos en el número de lectores. En otras palabras, se trataba de una suerte de «orden bibliográfico»: el deseo de preservarla como un trofeo, sin ningún uso práctico. UNA BIBLIOTECA EN TIERRA TROPICAL La historia nunca vuelve atrás y este será el caso de un país y su biblioteca. La Biblioteca Real entró definitivamente en la historia de Brasil el 27 de junio de 1810 cuando, por decreto real, se ordenó su instalación en un sector del Hospital de la Orden Tercera del Carmelo, en la parte trasera de una iglesia con el mismo nombre, en los alrededores del Palacio Real. El 29 de octubre del mismo año, al percatarse de que el local no era 148

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