Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

de la Corte —una multitud estimada en 10 000 personas— lograron abordar apresuradamente 36 barcos y partieron desde Lisboa hacia Brasil, su colonia al otro lado del Atlántico. Lo que siguió fueron dos meses en los tempestuosos océanos, con poca agua para beber y sin higiene alguna, además de piojos, tormentas y peligros de todo tipo. Una serie de sucesos dantescos tuvieron lugar en relación al viaje de la Corte portuguesa: personas desesperadas intentando subir a los barcos, buques sin la menor capacidad de navegabilidad, falta de comida, la reacción de la población portuguesa a la apresurada partida de la monarquía y la subsecuente llegada de las tropas francesas, a las que se enfrentaron con utensilios de cocina. Debido a complicaciones y demoras, la Biblioteca Real no se pudo embarcar con sus dueños, pero su historia quedó vinculada a la dinastía de los Braganças, quienes, a principios del siglo XIX, tuvieron que lidiar con los impases establecidos por Francia e Inglaterra, las dos grandes naciones que se disputaban el control político y económico de Europa. Fue el propio príncipe regente quien, al llegar a tierras tropicales en 1808 y notar la ausencia de la Biblioteca Real, ordenó la transferencia de sus colecciones de libros y documentos a Río de Janeiro, la reciente y provisional capital del Imperio portugués. En el apuro por partir, hacia fines de 1807, la Biblioteca Real había sido dejada en el puerto y tuvo que ser rápidamente transportada a su domicilio original. Sin embargo, a raíz de la segunda invasión francesa en 1810 y tras reiterados intentos por robar las piezas más preciadas de la colección, como la Biblia de Maguncia —más conocida como la Biblia de Gutenberg —, el traslado de la Biblioteca Real era inminente. Como es sabido, dadas las evidentes dificultades de la travesía marítima, la colección llegaría a la colonia en tres envíos diferentes (Saldanha da Gama, 1885, p. 458). Un primer lote llegó a Brasil en 181079. La segunda remesa, que incluía parte de lo que se permaneció en Lisboa y que había sido protegida de los estragos de la guerra, desembarcó en Brasil en 1811, al cuidado del bibliotecario Luíz Joaquim dos Santos Marrocos80. En una carta de Marrocos a su padre81, del 12 de abril de 1811 y por ende escrita durante el viaje, se pueden percibir las dificultades y los peligros que implicó la tarea, en especial la falta de agua y de higiene, la ausencia de medicamentos, los mareos generalizados y los problemas de salud. El final de la carta nos ofrece una imagen de las condiciones del viaje: 146

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