Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

De modo que durante el siglo XVIII existían varias bibliotecas en Portugal, incluyendo dos importantes en Lisboa: una privada, para el uso de los reyes, y otra para el público en general. Existía una especie de intimidad en la relación entre la monarquía y sus bibliotecas, especialmente la Biblioteca Real, que creció gracias al cuidado de especialistas contratados para clasificar sus acervos. Los bibliotecarios de la época calcularon que ella tenía 50 000 volúmenes y la consideraron una de las mejores en su categoría (Cunha, 2000, p. 208). Para mediados del siglo XVIII, la Biblioteca Real había sido reconstruida en su totalidad. Sin embargo, tendremos que dejar los aspectos bibliográficos a un lado, dado que el ambiente político contrastaba mucho con la quietud y la calma de las bibliotecas. De hecho, la escena política internacional era turbulenta, con dos potencias — Inglaterra y Francia— disputando y dividiendo Europa, y algunos otros reinos intentando sobrevivir a este «nuevo terremoto». En Portugal, la situación también era muy difícil. D. Maria I aún era la reina, pero estaba imposibilitada para gobernar debido a su estado de demencia. Su lugar fue ocupado por el príncipe D. João quien resultó atrapado por el fuego cruzado entre Francia e Inglaterra y obligado a adoptar una débil y paradójica realpolitik neutral que no satisfizo a ninguno de los dos rivales. En 1807 Napoleón envió un ultimátum: o D. João declaraba la guerra contra Inglaterra o Francia invadiría el país y derrocaría a la monarquía portuguesa. D. João y sus políticos intentaron con fuerza convencer a los dos países para que respetaran su «teatro neutral de Estado», pero Napoleón decidió que era hora de dirigirse hacia Portugal. Dejaremos de lado, por cuestiones de espacio, el análisis de esta compleja situación internacional. Resulta más pertinente describir cómo D. João optó por una estratégica fuga a su rica colonia americana en el trópico: Brasil. Era la primera vez que un rey y un Estado cruzaban el Atlántico, un plan imaginado en diversas ocasiones pero que hasta el momento nunca había sido concretado. Las monarquías no suelen viajar livianas: con la familia real se trasladó la Corte, la aristocracia, las reliquias nacionales y las instituciones, incluida la Biblioteca Real. LA TRAVESÍA: HOMBRES Y LIBROS EN EL MAR En noviembre de 1807, confrontado con la inminente invasión de las tropas francesas, el príncipe regente de Portugal D. João, su familia y parte 145

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