Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

Santos, Lisboa fue sacudida por un gran terremoto que comenzó en el mar y acabó por destruir la famosa capital portuguesa. El terremoto comenzó con temblores y terminó con una masiva inundación y un incendio que arrasaron Lisboa. Las ilustraciones de la época y las reacciones de famosas personalidades europeas —como Voltaire, que consideró al terremoto como señal de un Dios maligno— inflamaron el imaginario europeo, incapaz de superar la magnitud de tal desastre urbano. El primero de noviembre era un feriado religioso, y al ser Portugal un país decididamente católico, la mayor parte de la población se encontraba en las iglesias, encendiendo velas a sus muertos, lo que desató un gigantesco incendio. Un testigo del acontecimiento, Francisco José Freire, en sus Memorias das principales providencias que se derão no Terremoto, que padeceo a Corte de Lisboa no anno de 1755 (Memorias de los principales eventos que ocurrieron durante el terremoto que padeció la Corte de Lisboa en el año de 1775), escribió: […] a las nueve y cuatro minutos de la mañana, con los Cielos claros, el aire sereno y el océano calmo, Lisboa fue sorprendida por el Terremoto más terrorífico que haya conocido la tradición o hubiera sido descrito en los libros. Los efectos son la prueba del hecho; en un lapso de tiempo muy corto, casi todos los edificios de la ciudad fueron reducidos a escombros, enterrando un gran número de habitantes, especialmente aquellos que se hallaban reunidos en los templos, los cuales, tratándose de un día de religiosa solemnidad, se encontraban repletos de personas75. Poco quedó de la que una vez fue la lujosa capital portuguesa. El número de muertes en la devastada ciudad alcanzó los 30 000 y los cuerpos se perdieron entre las ruinas76. El Palacio Ribeira, localizado en las cercanías del río Tejo, en la boca del océano, fue totalmente destruido. La Livraria de El Rey fue casi en su totalidad arrasada por el fuego y reducida a cenizas: el fuego consumió en tan solo minutos los libros y documentos que allí se encontraban. A partir de ese momento, la Biblioteca Real adquirió una cierta mística y se convirtió en aquella biblioteca que, después de haber albergado una misteriosa colección que pudo haber abarcado todos los ámbitos de conocimiento posibles y todo tipo de información, se esfumó en el aire —o en una llamarada—. Sea verdad o invención, es difícil determinar qué es lo que realmente ocurrió y qué era lo que efectivamente existía allí. 142

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