símbolos de cultura y conocimiento. En el caso de esta biblioteca en particular se trata también de un ejemplo de antigüedad y tradición73. Como veremos, la Biblioteca Real significaba mucho para Brasil: un nuevo país, un reino naciente que se constituyó en las Américas en 1822, rodeado de repúblicas. Si bien Brasil carecía de una legitimidad dada por los años, y si bien la existencia de esta gran monarquía espantaba a las repúblicas americanas vecinas, al menos podía alardear de poseer la mayor y más antigua biblioteca del continente. Una suerte de guerra estaba a punto de comenzar. «EL MAL PROVIENE DE LA TIERRA»: EL TERREMOTO DE 1755 Retrocedamos un poco para presentar un panorama más claro de la historia previa de la Biblioteca Real. En Portugal se decía que el rey D. João I, apodado «el de la buena memoria» (1356-1433), tenía una impresionante biblioteca con libros y documentos raros e importantes. D. Duarte (13911438), su sucesor y también poeta y escritor, dio continuidad a la colección y así comenzó la tradición: D. Afonso V (1432-1481) logró reunir tantos trabajos valiosos que su biblioteca comenzó a ser reconocida como una de las más famosas y completas del Viejo Mundo. De hecho, durante el siglo XVIII, la Biblioteca Real Portuguesa fue considerada una de las mejores colecciones bibliográficas en toda Europa, con libros tanto nuevos como antiguos, raros mapas, monedas, dibujos y documentos74. D. João V (1689-1750) solía decir que los miles de títulos que conformaban la Biblioteca Real casi no cabían en el edificio principal del Palacio Ribeira y que eran más valiosos que todo el oro enviado desde Brasil. En efecto, desde el siglo XVII en adelante, la Biblioteca Real incorporó los gustos y formatos del periodo: libros, incunables, códices, manuscritos, mapas, grabados, obras de arte, estatuas, entre otros. Por esta y otras razones, la Biblioteca Real era considerada una especie de ícono de la acumulación de erudición y conocimiento del reino portugués. El rey solía llamarla la joya más preciada de la nación, una suerte de carta de presentación de la monarquía. Sin embargo, la fortuna de la biblioteca estaba por cambiar. No solo falleció el monarca D. João el 31 de julio de 1755, sino que algunos meses después, el sábado primero de noviembre de 1755, Día de Todos los 141
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