Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

Sin embargo, este mismo hombre, con motivo de un homenaje que se le rindió en el Ateneo Puertorriqueño a la patriota e independentista puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió en 1915, le dedica unos sonetos de su autoría. Pero más allá de las ambigüedades políticas, la selección por parte de la Junta de Síndicos de este bibliotecario profesional como director de la Biblioteca Carnegie fue acertada. Bajo el liderato de Luis O’Neill, fueron múltiples las innovaciones en la Biblioteca Carnegie y titánicos los esfuerzos por establecer su proyecto de un sistema de bibliotecas públicas a nivel insular. A pesar de todo esto, O’Neill se retiró después de 36 años como director de la Biblioteca Carnegie sin ver realizado su sueño (Vázquez Cartagena, 1998). Luis O’Neill había asimilado muy bien el simbolismo que el nuevo régimen le atribuía a las bibliotecas públicas. Por ello, al finalizar su conocido artículo «Bibliotecas públicas de Puerto Rico» publicado en El Libro de Puerto Rico, exclamó: «¡Saludemos a la biblioteca pública salvadora de hombres y niveladora de méritos! Podemos decir que las ideas Democracia y Biblioteca marchan unidad, inseparables, hoy, y que la edad de la Democracia es también la edad de la Biblioteca» (O’Neill de Milán, 1923, p. 456). Ante la apabulladora realidad colonial, la Biblioteca Carnegie se convirtió en un signo ambiguo y camaleónico, espacio que, aunque sirvió por varias décadas como elemento importante para proyectos educativos, se utilizó como elemento de propaganda para replicar el discurso oficialista en torno a la democracia. CONCLUSIONES Voces como civilización, progreso, modernidad y «culta sociedad» coinciden en los discursos de la élite criolla educada y del gobierno. Bajo ambos regímenes, el español y el norteamericano, la élite criolla tenía una misma preocupación: adelantar las condiciones de vida del país a través de la educación y abrir para su clase social un espacio de participación ciudadana. Para estos, las bibliotecas se constituyeron en parte importante de un imaginario colectivo que les concedía a estos espacios posibilidades educativas más allá de la realidad. El carácter simbólico trascendía el material. A través de los años, el descuido y la negligencia que sufrieron estas colecciones son evidencia, en parte, de esta realidad. En un país donde reinaba el analfabetismo, la pobreza y la marginación social, muy 131

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