Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

Aparte de la pasión por impresos raros que movió a estos coleccionistas, sus valiosas colecciones privadas les otorgaban una especial forma de capital simbólico y social. Con el tiempo, muchas de estas grandes colecciones privadas terminaron formando parte del acervo de bibliotecas universitarias, ya sea por donación o compra. Por otro lado, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, existieron durante el siglo XIX las así llamadas free libraries, subscription libraries o association libraries, asociaciones civiles que financiaban la compra de libros a través de subscripciones o cuotas entre sus socios (Allan, 2015). Esta forma de biblioteca no fue muy diferente de lo que en el resto de Europa se conoció como «círculos literarios» o «gabinetes de lectura»7. Y de nuevo volvemos a Nueva Inglaterra para encontrar, a mediados del siglo XIX, las primeras bibliotecas públicas financiadas con impuestos y votadas por las legislaturas locales. Este fue el caso de la Boston Public Library y, más tarde, de la New York Public Library (Wiegand, 2015). Este tipo de bibliotecas públicas municipales ha existido en diversos países latinoamericanos, pero la inestabilidad política, la falta de recursos y una concepción más bien elitista de la cultura impidieron que se convirtieran en instrumentos al servicio de la ciudadanía. *** Los ensayos reunidos en este volumen contribuyen a enriquecer la historia de la acumulación libresca que hemos resumido muy sumariamente en los párrafos precedentes y ofrecen una muestra variada y representativa de las complejas y cambiantes historias detrás de la formación de bibliotecas privadas, institucionales, nacionales y científicas en América Latina. La primera parte, «Bibliotecas y formación del Estado-nación», se abre con el ensayo de Pedro Guibovich, que nos presenta a la Biblioteca Nacional del Perú como una institución pensada como un gabinete de lecturas de la élite ilustrada, un ámbito exclusivo del «lector serio». Su director durante veintinueve años, el literato e historiador Ricardo Palma, se esforzó por minimizar el número de lectores de novelas y de poesía, géneros que él consideraba propicios para el entretenimiento de holgazanes. Su larga permanencia al frente de la biblioteca estuvo relacionada con su heroica tarea de reconstruir el acervo de la biblioteca, arrasado por los soldados chilenos durante la invasión de 1881-1883, pero también con el distanciamiento de Palma de las vicisitudes de la política peruana. La 13

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