Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

registrados, un 55%64. Diariamente se prestaban unos 500 títulos, de los cuales el 70% eran libros de ficción, el 20% de historia y el 10% de ciencias naturales y sociales. Parte importante de este proceso de modernización fue el uso del Sistema de Clasificación Decimal Dewey, para clasificar por materias, y de las tablas de Cutter, considerados como los mejores métodos de recuperación de la información en aquel momento. La superimposición de la normativa de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos ya se dejaba sentir, ya que la mayor parte de las descripciones catalográficas se compraban a dicha institución. Otro logro importante fue que se publicaron en ese mismo año las conocidísimas Conferencias dominicales dadas en la Biblioteca Insular. En el informe anual del gobernador, se señala que el objetivo de estas conferencias era estimular la actividad intelectual con conferencias ofrecidas por científicos y profesionales (Governor of Porto Rico, 1913). Intelectuales del patio que habían estado políticamente activos bajo el régimen pasado, tales como José de Diego, Coll y Toste, Agustín Navarrete, Francisco del Valle Atiles, Emilio del Toro y el mismo Manuel Fernández Juncos, ofrecieron conferencias que ilustraban el afán colectivo por mejorar las condiciones sociales y educativas del país, pero desde una óptica de conformismo con el statu quo (Biblioteca Insular, 1913-1914)65. El 12 de marzo de 1914, la Asamblea Legislativa había aprobado en una resolución conjunta la creación de una Library Commission, compuesta por el gobernador Arthur Yager, el proamericano Luis Sánchez Morales, presidente del Consejo Ejecutivo de Puerto Rico, y el independentista José de Diego, presidente de la Cámara de Delegados. Esta comisión estuvo a cargo de las negociaciones para construir la nueva sede de la biblioteca una vez hecho el acuerdo con la Fundación Carnegie. El edificio fue diseñado por Henry D. Whitfield, arquitecto de Nueva York, y supervisó las obras el arquitecto A. B. Nichols. El contratista fue Ramón Carbia. El total de la donación fue alrededor de $100 00066. El 27 de julio de 1916, se inauguró la Biblioteca Carnegie de Puerto Rico. Se consolidó así el proceso de pérdida de identidad de la Biblioteca Insular. Un proyecto bibliográfico con aires de biblioteca nacional dentro de la colonia pronto se transformó en una biblioteca pública más, a través de la «sutiliza filantrópica» norteamericana. Según un parte de prensa, la actividad de inauguración causó gran revuelo entre los capitalinos. La concurrencia excedía por mucho a los invitados. No era para menos, ya que el majestuoso y moderno edificio de dos plantas estilo renacentista 127

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