Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

A pesar de que esta había expandido sus servicios al sector de Puerta de Tierra y a Santurce, en los informes anuales podemos detectar la pérdida de vigencia del proyecto. En el Informe de 1917-1918, ni siquiera se reportan cifras de asistencia (San Juan. Alcaldía, 1918). En el siguiente año fiscal, 1918-1919, solo se ofrecen unas insulsas líneas donde describe superficialmente el contenido de la colección (San Juan. Alcaldía, 1919). En los años subsiguientes, la Biblioteca no es mencionada en los informes anuales; solamente aparecen pequeñas asignaciones presupuestarias para la compra de sus libros y materiales. En la década de 1940, el deterioro de la Biblioteca Municipal era más que evidente. Antes de la Segunda Guerra Mundial, dicha colección contaba con unos 9000 volúmenes; hacia 1945 solo quedaban 5661 volúmenes, mayormente sobre religión y literatura que estaban sin clasificar. Por otro lado, tanto la Biblioteca como sus sucursales en Puerta de Tierra y Santurce carecían de personal preparado y su contratación dependía de gestiones relacionadas con la política partidista (Thompson & Rivera Ruiz, 1946). Curiosamente, paralelamente al proceso de decadencia de la Biblioteca Municipal de San Juan, se gestó uno de desarrollo de la biblioteca pública dependiente del gobierno central. En 1899, al siguiente año de la invasión norteamericana a Puerto Rico, el primer gobernador militar, el general George W. Davis, ordenó que se estableciera una biblioteca pública. La misma fue creada en los bajos de lo que había sido el edificio de la Diputación Provincial, antigua cede del Gabinete Autonómico, y se le llamó la San Juan Free Library o la Biblioteca Pública de San Juan. Esta colección fue la primera en Puerto Rico en establecer un control bibliográfico científico utilizando el sistema de clasificación Dewey y en incorporar el uso de catálogo por tarjetas para acceder la información. Dicha biblioteca se nutrió de fondos de otras colecciones preexistentes bajo el régimen español, entre las cuales destaca la de la desaparecida Sociedad Económica Amigos del País (Diez de Andino, 1963). Los informes de los gobernadores norteamericanos son ilustrativos sobre cómo el nuevo régimen conceptuaba el papel de las bibliotecas dentro de su agenda «democratizadora» y educativa. El primer gobernador civil bajo el régimen norteamericano, Charles H. Allen, describía en su informe tres líneas principales sobre los servicios bibliotecarios. La primera trata sobre los asuntos de gobierno y del desarrollo de la San Juan Free Library; la segunda aborda el tema del crecimiento de la recién creada Biblioteca de Pedagogía perteneciente al Departamento de Educación; y, por último, la 124

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