bien el tutelaje se imponía de parte de los norteamericanos, la ambigüedad, el acomodo, la resistencia y en ocasiones la lucha fueron las respuestas de los tutelados. La Ley Foraker (1900) y la Jones (1917) son, aún en el presente, el marco legal y jurídico que sienta las pautas de la política colonial de los Estados Unidos hacia Puerto Rico (Scarano, 1993). Dentro de este marco sociopolítico, la Biblioteca Municipal de San Juan siguió funcionando con el cambio de soberanía, pero pronto el proyecto bibliográfico más importante bajo el dominio español fue convirtiéndose en uno irrelevante. Según queda consignado en un informe del Municipio de 1901, en el periodo del 8 de junio al 31 de diciembre la asistencia registrada de lectores fue de 5644, mientras que de enero a junio de 1902 asistieron 4170. Se continuaba recibiendo donativos, muchos de estos inútiles para el pueblo común y corriente60. Al principio, los aires modernizadores del cambio de soberanía se hicieron sentir en la Biblioteca Municipal, cuando, en 1901, a petición de un grupo de ciudadanos «interesados en el adelanto moral y material de esta ciudad», se convirtió en una biblioteca circulante. El Municipio no podía rechazar la petición. Después de todo, entre los firmantes se encontraban ciudadanos distinguidos en la política y la cultura, como lo eran el famoso y respetado pintor Francisco Oller, el médico y cirujano Rafael López Nussa, el líder masón más respetado en la Isla y colaborador del nuevo régimen, Santiago R. Palmer, y el líder máximo de los nuevos anexionistas puertorriqueños, el doctor José Celso Barbosa61. Sin embargo, tanto el bibliotecario como algunos miembros del consejo municipal se oponían al cambio. Existía el temor de que, ante tanta «liberalidad», aumentara el problema ya existente de mutilación de libros. Señalaban que: «Si solamente durante algunas horas de lectura en la biblioteca y bajo vigilancia sucede esto, ¿qué no ocurrirá cuando los libros salgan del local?»62. Aunque las autoridades presentaban discursivamente a las bibliotecas como un espacio educativo importante, lo cierto es que la realidad delata dejadez y falta de compromiso. El 10 de octubre de 1905, se cerró temporeramente la Biblioteca debido a su estado de suciedad y deterioro. El 15 de febrero de 1907, se la volvió a abrir. La prensa local y al exalcalde Roberto H. Todd, quien había liderado la restauración de la Biblioteca, fueron invitados a la inauguración. Posteriormente, en setiembre de 1907, se la denominó con el nombre de Biblioteca Municipal Cervantes63. 123
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