tratará de un proceso discontinuo, no lineal en correlación a los regímenes políticos». Tanto las luchas políticas como la falta de recursos económicos confabularon en contra de la concreción de excelentes planes de desarrollo para las bibliotecas. Es de notar que a pesar de que se había establecido reglamentación en 1813, a raíz de las Cortes de Cádiz, con aplicación a Ultramar, no fue sino hasta 1869 que se comenzaron a crear las llamadas bibliotecas populares en España (Gómez Hernández, 1993, pp. 59-64). Si esta era la dinámica en la Metrópolis, es de esperar que en la colonia la situación para el desarrollo de las bibliotecas públicas fuese aún más precaria. LA HORA AMERICANA La ruptura del 1898 tuvo consecuencias en el ámbito cultural. El historiador Francisco Scarano ha afirmado que cuando comparamos los últimos treinta años bajo la soberanía española con los primeros treinta años de soberanía norteamericana se distingue una desproporción en «calidad y cantidad» a favor de la primera. Este alega que, al haber perdido la clase hacendada su poder, «la alta cultura boricua» se empobreció o «traumatizó». Todo esto a pesar de que muchos de los intelectuales de finales del siglo XIX seguían produciendo a principios del XX (Scarano, 1993, p. 659). La provocativa afirmación de Scarano ameritaría investigaciones más profundas. Aunque no estamos en posición de refutarla, cuando menos nos parece problemática, ya que, hasta donde conocemos, no se han realizado análisis bibliométricos que comparen la producción de un periodo con otro, y esto es solo en el ámbito cuantitativo. Por otro lado, hay que considerar factores de tipo demográfico, como el hecho de que muchos de los intelectuales activos a finales del siglo XIX ya eran ancianos en el siglo XX. El pequeño mundo de las bibliotecas y la gestión cultural a través de estas nos habla de rupturas, por un lado, pero también de acomodos, adaptaciones y continuidades, por otro, como veremos más adelante. El cambio de soberanía que experimentó Puerto Rico en 1898, a raíz de la Guerra Hispanoamericana, conllevó para muchos puertorriqueños y para su clase política un penoso viaje entre la ilusión y el desencanto. Ya en los primeros dos años de haber sido invadida la Isla, quedaba claro que la nación que era identificada como paradigma de democracia y progreso no tenía intenciones de establecer un régimen plenamente democrático. Si 122
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