Un testigo de la época, el médico y miembro de la Diputación Provincial, Gabriel Ferrer Hernández, en su obra premiada por el Ateneo de Madrid, La instrucción pública en Puerto Rico… (1886), señala que antes de que se estableciera la Biblioteca Municipal de San Juan se habían establecido otras dos bibliotecas de importancia: la de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y la del Ateneo Puertorriqueño. Ambas bibliotecas compartieron un mismo local y formaron juntas una colección de más de 4000 volúmenes, hasta que la Real Sociedad se mudó y se dividió la colección; la del Ateneo se quedó con solo unos mil volúmenes. Según Ferrer Hernández, ambas colecciones se utilizaban muy poco. Por otro lado, las colecciones antes mencionadas contrastan con la del «Ilustre Colegio de Abogados», la cual estaba especializada en derecho y temas afines y poseía en aquel entonces unos 4000 volúmenes (1885, p. 138). El establecimiento del Gabinete de Lectura de la Real Sociedad de Amigos del País no llenaba las necesidades de lectura de los ciudadanos alfabetizados de la capital. El servicio de proveer acceso a material bibliográfico se convirtió en una oportunidad de negocio. Así, entre las décadas de 1830 y 1840, se sabe de la existencia de al menos otro gabinete de lectura en San Juan, perteneciente al comerciante, impresor y librero Santiago Dalmau. Sus anuncios revelan que estaba ubicado en la calle Fortaleza número 8, donde se vendía lotería, libros y artículos de todo tipo de interés como «el reciente invento de la máquina de moler caña por D. José Francisco Othón»59. LA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE SAN JUAN Hay dos datos importantes que hacen que Gabriel Ferrer Hernández destaque a la Biblioteca Municipal de San Juan sobre las bibliotecas del Ateneo y la de la Real Sociedad. Primero, la Biblioteca Municipal rápidamente superó a ambas en cantidad de volúmenes, ya que, para la fecha en la que él escribe su colección, rondaba los 6000 volúmenes, producto mayormente de las donaciones de ciudadanos y de la insistente labor de quien fue su primer bibliotecario, don Ramón Santaella. Segundo, contaba con una amplia concurrencia anual que rondaba los «12 000 lectores». Esta cifra parece un tanto exagerada y posiblemente se refiera a visitantes. Sin embargo, sean visitantes o lectores, en un país donde predominaba el analfabetismo, la respetable cantidad de usuarios reportados indica un logro sin precedente en términos de los servicios 120
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