separatistas. En otras palabras, la acción lógica de preservar la historia local tendrá todos los matices e interpretaciones que ofrece el espectro ideológico y político que coexistían y luchaban en ese momento. Todos podían validar el proyecto, pero desde perspectivas distintas. Por otro lado, este proyecto puede ser interpretado como un esfuerzo por darle coherencia a una colección que se había formado mayormente por «donativos voluntarios de toda la Isla a invitación de la Sociedad Económica». Por lo tanto, la colección no respondía a una política mínima de desarrollo, sino más bien a un proceso aleatorio que dependía de la buena voluntad de los donantes o de su interés en deshacerse de libros viejos. Hacia la década de 1880, el acervo de la colección ya alcanzaba unos 3500 volúmenes55. El objetivo inicial del gabinete de lectura había sido proporcionar acceso a los periódicos españoles que desde la década de los 1830 comenzaban a llegar a Puerto Rico. Sabemos que periódicos como La Gaceta de Madrid, la Revista Española, La Abeja, Eco de las Cortes, El Compilador y Anales Administrativos formaron parte de su colección. Sobre su ubicación física, sabemos que el Gabinete se estableció en el salón de sesiones de la casa sede de la Real Sociedad en la calle San Francisco número 3456. El reglamento propuesto por el médico Francisco Vasallo57, secretario de la Real Sociedad, nos ayuda a imaginar cómo era y operaba el Gabinete de Lectura. Sobre las horas de funcionamiento se indicaba lo siguiente: «horas 7-11 y media de mañana. Anochecer hasta las 10 de la noche en días de trabajo y desde las 7 mañana hasta 2 de la tarde domingos y días feriados». Dejándonos llevar por el artículo 4º del mencionado reglamento, podemos imaginarnos unas «tres o más tablillas con sus barras de fierro y candados para subdividir en ellas los números de cada uno de los periódicos de su colección, a fin de facilitar la lectura a mayor núm. de suscriptores». Esta primitiva tecnología de seguridad propiciaba la lectura colectiva y en voz alta de los menguados recursos informativos a la mayor cantidad posible de socios. Estos últimos pagaban una cuota de 6 reales mensuales por su membresía. Aunque el Gabinete no dejaba de ser una institución elitista, donde la lista de suscriptores tenía que estar siempre colgada en un lugar visible en orden de «rigurosa antigüedad», no es menos cierto que los forasteros o transeúntes podían utilizar el Gabinete siempre y cuando fuesen presentados por un suscriptor. La documentación examinada apunta a que se suscribieron al comienzo del proyecto unos cuarenta ciudadanos58. 119
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