«EL SUR TAMBIÉN EXISTE»: EL GABINETE DE LECTURA PONCEÑO Y LA BIBLIOTECA MUNICIPAL La ciudad sureña de Ponce, además de ser cuna y espacio de expresión política de famosos autonomistas y liberales, fue un centro urbano de gran actividad cultural y económica en la Isla durante la segunda mitad del siglo XIX. Si San Juan era la ciudad con arquitectura militar y colonial, de instalaciones militares y administrativas del régimen español, Ponce era la de residencias de ornamentación afrancesada y de calles cuadriculadas que anuncian modernidad (Aponte Alsina, 2008). Gracias a una economía basada en la producción azucarera y cafetalera, se dieron las condiciones necesarias para la acumulación de riqueza que permitió un desarrollo urbano y oportunidades de trabajo que resultaron atractivas para extranjeros y habitantes de otras partes de la Isla. Ciertamente esta diversidad y movimiento económico impactó más allá del tejido urbano y repercutió así en una sociología política distinta a la existente en la capital. En Ponce, la llamada «capital alterna», los liberales tuvieron más espacio de acción cultural y política que en San Juan. No es de extrañar, entonces, que fuese esta la ciudad donde se cuajó el autonomismo (Sepúlveda Rivera, 2003)39. Aunque el primer gabinete de libros en establecerse en Puerto Rico fue el de la Real Sociedad Económica de Amigos del País en 1835, el primero en ser fuente de controversias políticas fue el de Ponce. Los ponceños emularon la experiencia de la capital al fundar su propio gabinete de lectura en la calle Sol entre los años 1868 y 1870. El periodista Ramón Marín ubica la fundación del Gabinete en setiembre de 1868, fecha que coincide con el fracasado intento revolucionario del Grito de Lares40. En el caso de Ponce, los liberales aprovecharon su presencia en el Ayuntamiento de la ciudad para adelantar sus agendas culturales. El 6 de noviembre del 1873, el doctor Rafael Pujals, quien era teniente alcalde y a su vez miembro fundador del Gabinete de Lectura, comunicó la intención de los asociados del Gabinete de ceder la «Biblioteca fundada por suscripción» al Ayuntamiento para que de esta manera se cumpliera con la Ley Municipal que estipulaba el establecimiento de bibliotecas en poblaciones de más de trescientos vecinos. Sin embargo, los socios del Gabinete conservaban el derecho de propiedad sobre la colección, ya que esta se trasladaría en el futuro al Instituto de Enseñanza una vez establecido. La estrategia de los socios consistía en que el gobierno 113
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