La digitalización de materiales fue una iniciativa promovida por la Asociación de Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica (ABINIA) y por la UNESCO desde finales de la década de 1990 con el propósito de facilitar y democratizar el acceso a la información y de preservar las valiosas colecciones de materiales impresos pertenecientes a las instituciones referidas (Solorio Lagunas, 2004, pp. 2-10). La experiencia costarricense, aunque es la más exitosa en América Central, no es la única, ya que también en Panamá se ha avanzado en la construcción de un portal similar al de Costa Rica; El Salvador apenas empieza con un proyecto de este tipo, cuya puesta en práctica permanece como un desafío a futuro para Nicaragua, Honduras y Guatemala. EPÍLOGO Las iniciativas para fundar bibliotecas nacionales en Centroamérica se concentraron en el último tercio del siglo XIX, cuando los Estados, predominantemente dirigidos por políticos liberales, iniciaron la construcción cultural de la nación, un proceso que se desarrolló de manera más tardía en Panamá. Las instituciones referidas, que fueron conceptuadas como emblemas nacionalistas del progreso y a la vez como medios para alcanzarlo, pronto evidenciaron sus limitaciones, afectadas por su desinterés por la producción impresa propia, la inestabilidad política y la falta de recursos. La situación precedente fue resultado de que, con excepción de Costa Rica, los gobiernos dedicaron sus pocos ingresos a atender las demandas de los sectores económica y políticamente más poderosos de cada país y las del capital extranjero, principalmente el estadounidense. La extrema desigualdad social y las formas políticas autoritarias que prevalecieron en Centroamérica fueron acompañadas por una decisiva extroversión cultural, ya que la identidad nacional se construyó sobre la base de los modelos europeos. La composición de las bibliotecas nacionales a finales del siglo XIX no fue la excepción. El libro extranjero, escrito en un idioma distinto del español, prevalecía aplastantemente en sus estantes cosmopolitas; y fue solo después de 1900 que la producción intelectual propia empezó a ser apreciada de una forma más definida. Este proceso coadyuvó a ampliar poco a poco la presencia de los textos locales en un marco institucional que otrora les fue indiferente o adverso. 101
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