Bibliotecas y cultura letrada en américa latina

antes de 1900 fue vendido como desecho a una empresa fabricante de servilletas y papel higiénico (Semanario Universidad, 1991). Las experiencias más difíciles, como fueron las de Nicaragua y El Salvador, dieron origen a esfuerzos sistemáticos para recuperar el acervo, un proceso que fue más exitoso en el caso nicaragüense debido al estratégico respaldo estatal y a la importante ayuda externa que recibió la Biblioteca Nacional de ese país en el contexto de la revolución sandinista (Coloma González, 1995, pp. 372-374). La política democrática, la estabilidad institucional, la inversión creciente en el campo educativo y las nuevas políticas culturales puestas en práctica después de 1950 favorecieron que, como se constata en el cuadro 7, Costa Rica se diferenciara, alrededor de 1990, por los fondos bibliográficos más amplios de Centroamérica, pese a que tenía la población menor; además, la proporción alcanzada por las obras impresas localmente era considerable (27,5%). La década de 1990 resultó decisiva para la Biblioteca Nacional de Costa Rica por dos razones: primero, porque fue reconfigurada como una institución al servicio de la investigación, con lo cual quedó en el pasado su papel como establecimiento general, al que podían acudir niños y jóvenes para entretenerse con la lectura o para realizar sus tareas escolares y colegiales; y segundo, porque se consolidó en el año 2000 como eje del Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI). La integración de las bibliotecas públicas fue un proceso que diversas autoridades empezaron a impulsar desde inicios del decenio de 1970: en el año 2008, el país disponía de 55 establecimientos de este tipo ubicados en 49 de los 81 cantones en que se divide el territorio costarricense para una cobertura del 60,5% (Pérez, 2012, pp. 406-408; Córdoba González, 1980, 2008). La ventaja costarricense se profundizó a comienzos del siglo XXI, cuando la Biblioteca Nacional —bajo la dirección de la especialista en estudios literarios Margarita Rojas González— inició un vasto y ambicioso programa para digitalizar sus colecciones de periódicos, revistas, libros, folletos, fotografías y otros materiales para ponerlos a disposición del público mediante internet38. El número de documentos a texto completo ofrecidos ascendió de 625 en el año 2010 a más de 112 000 en 2015, todos los cuales pueden ser descargados gratuitamente; en febrero de este último año, desde su lanzamiento en 2009, el portal referido había sido visitado por 1 200 000 personas de 155 países (Rodríguez Amador, en preparación). 100

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