Aves sin nido

92 AVES SlN NIDO que se hallaba sóla en aquellos momentos, que no pudo contener sus lágrimas, y se fué llorando hácia Marcela. Hizo colocar la camilla en una vivienda· aseada; tom6 entre los brazos á Rosalía, acarició á Margari– ta y llamó á entrambas, dicién<il.olas: hijas, pobre– citas, preciosas. Luego habl6 á Marcela sentándose junto á ella y la dijo: - .¡Oh, hija mía! ¡cuánta resignación necesitas! Te ruego que te calmes, que tengas paciencia .•.. -Niñay, ¿no te has asustado de protegernos?– dijo la india con voz débil y mirada lánguida, pero Lucía sin contestará esta pregunta, continuó: -¡Qué débil está !-y dirigiéndose á dos sirvien– tes que estaban hácia la puerta, ordenó--que le preparen un poco d~ caldo de pollo con algunas re– banadas de pan tóstado y un huevo batido; ustedes han de cuidarla con todo esmero. El semblante de Marcela revelaba sus terribles sufrimientos, pero las palabras de Lucía parecían · haberle dado alivio. Era tal la influencia benéfica que ante ella ejercía aquella mujer·tan llena de bon– dad, que, apesar de haber declarado el barchilón de Kíllac ·que la herida era morta.l y de término inme– diato, porque la bala permanecía incrustada en el hom6plato á ·donde había llegado atravesando el hombro izquierdo, y la fiebre ya invadía el organis– ·mo; Marcela f'ué alentándose visiblemente. Así trascurrieron dos días, dando ligeras esperan– zas de salvar á la enferma.

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