Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TURNElt 99 terror y el sobresalto, sea en el aura de una revolu.. ción, sea ~n los fortines de una resistencia! Pero, lo que pocos sabrán es el despertar del sueno de la felicidad, entre el plomo homicida y la voz de degüe– llo lanzados en los muros de su propio dormitorio!! -¡Basta, don Fernando! ¡basta!-gritaro.n varias voces en coro. -¡Qué atrocidad! -agreg6 Manu~l pasándose la mano por bajo del pelo, y don Fernando, contes– tando á la primera pregunta de Manuel, desatendi– da en medio de ese tumulto natural de pensamien– tos, dijo: · -Estuve resuelto don Manuel á ofrecerme al sacrificio, y morir matando. Pero, las lágrimas de mi buena y santa esposa me hicieron pensar en sal– varme para salvarla tambien. Ambos huímos por la pared de la izquierda y fuimos á refugiarnos de tras de unos cerco·s de piedras, fronterizos, prtcisamente del lugar del ataque; y desde ahí hemos presenciad0 impasibles el asalto· á nuestra casa, el heroismo de usted, la abnegación maternal de doña Petronila, el fin de nuestro pobre Juan; · y la victimación de la desgraciada Marcela, -¡Pobre Juan! ¡pobl'e Marcela! ahora que la des– ventura nos ha hermanado, mis afanes serán para ella, y sus hijas;-dijo Lucía suspirando con pro– funda pena; é int~rrumpiendo á su marido. -¡Oh sí ! Margarita, Rosalía, desde hoy esas pa-· lomas sin nido hallarán la sombra de su padre en esta casa;-afirmó don Fernando.

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