Aves sin nido

88 AVES SIN NIDO -¡Jesús! qué temeridad! ¡qué herejes habrán he– cho esto! ¡pobre· señor Marín! ¡pobrecita señorita Lucía!.. .. ay, vean, pues, todo .pedazos!-. decía cami– nando por entre la.s ruinas, y contemplando los des. pojos. Lucía y don Fernando, se encontraban sanos y salvos rodeados de gente en el gabinete de su casa, y Manuel con toda Ja indignación de su corazón puro, . y con todo el fúego de su edad, decía en alta voz: - Es inconcebib1e iniquidad igual, señor don Fernando. Este ·pueblo es un pueblo bárbaro, y la salvación de ustedes ha sido milngrosa. ¿Cuéntenos cómo salvaran? -El milagro es de Lucía-respondió con tono soco don Fernando, anudándose la corbata que por distracción tenia suelta, y dando grandes paseos por la habitación. -¡Señora Lucía!!-dijo por to~a respuesta Ma– nuel dirigiendo la vista hacia el sofá doncle estaba un tanto recostada aquella, profundamente emocio· nada; y aspirando de r·ato en rato sales encerradas en un frasquito de cristal de Bohemia, cuya tapa entreabría con cuidado. Don Fernando, como siguiendo el curso de RUS ideas dijo: -¡Qué horror! Muchos sabrán lo que es. desper– tar en la bulla del desórden, el tirotéo y la matanza, porqu~ e!! el país se soportan y se presencian con frecuencia esos levantamientos y luchas civiles, que ya en nombre de Pezet, Prado ó Pié.rola, llevan el

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