Aves sin nido
84 AVE:. SIN N1Dü y en aquel momento llegó una mujer con un farol de vidrio provisto de una vela de sebo que proyecta– ba luz ténue. Los fuegos y las campanadas habían cesado. Los pelotones de gente comenzaron á diseminar– se en distintas direcciones, y la reacci6n de la turba fué completa. La entrada de la casa de don Fernando estaba totalmente destrozada, y grandes piras de piedras formadas al acaso, yacían junto á las puertas con- vertidas en astillas. · --A ver ese farol por acá!--gritó un hombre abriéndose paso por entre la multitud; y á la escasa. luz del farol que lleg6, reconoció Manuel á doña Petronila. --¿Madre, ¿tú aquí?-dijo Manuel con sorpresa. · -¡Hijo, estoy á tu lado!-repuso doña Petronila con el semblante lleno de pavor alcanzando el farol á su hijo, y juntos comenzaron á reconocer los muer– tos y heridos. El primer cadáver que encontraron fué el de un indio á cuyos pies estaba µna mujer bañada tambien en sangre y lágrimas, gritando con desesperación: -¡Ay! ¡han muerto á mi marido! habrán muerto tambien á mis protectores! Juan y Marcela acudieron desde los primeros t:lros en auxilio de la casa de don Fer.Q.ando. Juan cayó traspasado por una bala que entráp.do– le por ~l pnlmón derecho, salió rompié ndo la segun. da costilla y rozando el hígado.
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