Aves sin nido
78 AVES SÍN NIDO -¿Y tú, y mi Juan y mi Rosalía?-insistió Mar– garita. -Iremos á verte todos los días-repuso Marcela sin dejar de atender á lo que estaba preparando, mientras que J ua.n acariciaba entre las rodillas á Rosalía, el mismo que dijo á su mujer: -Parece que se te ha soltado la lengua. - A.sí parece; - respondió Marcela dando una vuelta á las papas que se asaban; pero Margarita volvió á preguntar: -Y me llevarán las frutas de la mora y los nidos de los gorriones? - Sí; todo eso te llevaremos si aprendes á coser y tejer las labores tan lindas que dicB sabe la señora Lucía;-respondió Marcela sacando al mismo tiem– po las papas y poniéndolas en los platos que estaban junto á su marido. La cena fué apetitosa y frugal;, pero la oración de Rosalía llegó al cielo alcanzan do sueño reparador para la familia de Juan Yupanqui, que descansaba sin el comején de las dudas en el humilde lecho de las satisfacciones. Un profundo bostezo de J nan hizo notar á Marce– la que su marido estaba completamente dormido y que las hijas habían seguido su ejemplo quedándose la choza en silencio absoluto. Y mientras aquí moran los manes de la Quietud veremos lo que pasa en la casa parroquial..
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