Aves sin nido

CLORJNDA MATTO DE TURNER 77 vivienda, con las manitas empalmadas al cielo, la hicieron repetir las sublimes frases del BENDITO y ALABADO. -Ahora atiza el fogón-dijo Juan á Margarita·· -Asaremos unas papas, aquí hay ají;-repuso Marcela sacando unas hojas de maíz envueltas y atadas con un pedazo de hilo de lana. -Mañana hemos de matar gallina, Marce] a; es– toy contentísimo, y nuestro compadre nos ha de prestar unos dos pesitos-dijo alegre Juan; · · -Así me gustas táta. O pediremos el vuelto que tiene el cura?-respondió la mujer colocando junto á su marido dos platos de barro vidriados. -¡Qué vuelto! ¿para qué tanto?-repuso Yupanqui. -Qué linda estará nuestra Margarita cuando se:;t la ahijada de la señoracha Lucía, eh?-dijo -la mu– jer variando el jiro de la conversación. -Ni lo dudes; i}ay! ella la vestirá con las ropas .que usan. -Pero me duele el corazón cuando me acuerdo que ya no nos mirará como ahora, cuando Marga– rita sea una niiia,;-dijo suspirando l\Iarcela y acer– cándose á poner un palo de leña al fogón. -¿Qué estás pensando en eso? la señora Lucía la enseñará á respetarnos;-respondió el indio. ·-¡Bendígala Pachacamao!-agregó Marcela con recogimiento·. Máma ¿y cuando sea mi madrina la señora Lucía me voy con ella ?-preguntó M::irgarita. -Sí, hija;-contestó la madre. 10

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