Aves sin nido

C:LORlN'DA MAT'tO DE TURNER 75 para romperla en la playa con un bramido ronco y formidable. El motín era aterrador. Las voces de mando, bárbaras y contradictorias, ya en castellano, ya en qquechua, se dejaban perci– bir no obstante el ruído de las piedras y la fusilería. -¡ Forasteros!! -¡Ladrones! -¡ Súhua! súhua.' ! --¡Entremetidos!-decían éstos y aquellos. --¡Mueran, mueran! --¡Huañuchiy! -- ¡Matarlos!! -- repetían mil voces. Y la. acom- pasada vibración de la . campana tocando á rebato, era la respuesta á toda la vocería. Lucía y don Fernando abandonaron el lecho del descanso, cubiertos con sus escasas ropas de dormir, y lo poco que tomaron al paso para huír ó caer -en manos de sus implacables sacrificadores, para en– cont.rar muerte cruel y temprana, en medio de esa muchedumbre ébria de alcohol y de ira. XVI Juan Yupanqui y Marcela que, despues de los su– cesos que conocemos, se fueron de c~sa de Lucía; llegaron, pues, á la suyA. con Margarita y Rosa lía. esas dos estrellas rientes de la choza cuyos destinos

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