Aves sin nido

74 AVES SIN NIDO al recuerdo de aquellos ruídos de media noche que, semejantes al rozar de alas ó crujir de puertas, lle. van al temor primero y despues al recuerdo de los séres más amados, sea que estén ausentes ó estre– chen el cuello con el abrazo de sus afectos. Esa fuerza ~erviosa que obedece al impulso espi– ritico, todavía desconocido apes.ar de las esplica.. ciones de Allan Kardec; que ~medrenta con la idea de la presencia virtual de un ser superior ó temido; y que está en las investigaciones de la ciencia, cuyo dominio ofrece trocar la fáz del mundo con la sor- . prendente lucidéz ele Charcot, Maira y Benavente en sus révelaciones de hipnotismo; ejerció todo su imperio aquella noche en la organización de la es– posa de don Fernando Marín. Ella velaba. El viejo y único reloj del pueblo dió el duodéci– mo martillazo que marca la media noche, y en el momento vibró en los espacios la sonora voz de la campana del templo.. ~u acento de bronce no con· vocaba á la oración pacífica y al retiro del alma; lla– maba al vecirniario á la batalla y al asalto con la imponente señal de convenio entre Estéfano Benites . y el campanero que aguardaba en la torre. Y como el granizo que las negras nubes arroja en medio de celajes eléctricos, come:nzó á llover piedra y bala sobre el indefenso hogar de don Fernando. Mil sombras cruzaban en difereutes direcciones, y la algazara comenzó á levantarse comó la ola gi– gante que la tempestad alza en el seno de los mares,·

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