Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TURNER 78 contestó Manuel sacándose el sombrero en ademán de despedida. -Pero la casa es muy suya amigo;-ofreció don Fernando. -Sí, mil gracias, lo sé, y pronto les haré una visita. Buenas noches-repitió Ma.nuel estrechan· do la mano . de sus amigos, y desapareció en las oscuras calles de la villa transitadas por uno que otro hombre embriagado. Lucía y don Fernando tomaron algunas precaucio– nes de seguridad como encareció doña Petronila; pero viendo que todo seguía tranquilo, se fueron á dormir. La superficie de un lago cristalino donde se retra– ta . la imágen de las gaviotas no es tan apacible co– mo el sueño con que les narcotizó el Amor batien– do sus nacaradas alas sobre la fre~te de Lucía y don Fernando. Sus corazones estrechados bajo la atmósfera de un sólo aliento, latían tambien acom– pasados y felices. Mas ese deEcanso no fué como el eterno sopor de la materia. El espíritu que no duerme y 'se ajita, luchó con la fuerza del presentimiento, ese aviso misterioso de las almas buenas; sacudiendo el organismo de Lucía la despertó y le inspiró vacilación, temor, duda, todo ese engranaje complicado de sensaciones mix. tas que acuden en las noches de insomnio. Lucía sentía aquellos estremecimientos nerviosos, que no alcanzaba á ver ni á esplicarse ante un pe– ligro para ella desconocido; y su pensamiento voló

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