Aves sin nido
72 AVES SIN NIDO de tristeza en este villorrio, lo he encoutrado embe– llecido por la presencia de usted y la de su esposo, -Gracias, caballero; _bien ha aprovechado usted de las galantes frases de la ciudad-contestó Lucía con amable sonrisa. . -Nó, señora, mis palabras carecen de esa galan– tería de fórmula; sin ustedes y sin mi_madre ¿con quién podía yo tratar aquí?-repuso Manuel, y agre– gó con pena:-esta tarde he conocido á los vecinos del pueblo y me han dado compasión. - Eso es muy cierto don Manuel, pero usted tie– ne á sus padres y nos tendrá por amigos. -Sí, don Manuel; para un j óven que viene de la ciudad esto es tristísimo, le doy la razón;-dijo á su vez don Fernando, como el marido celoso que noti– ficaba estar prestando atención á lo que conversaba su esposa. -Solo siento que, tal vez no permanezcamos ya mucho tiempo acá, porque los negocios de Fernan– do creo que se arreglarán pronto;-contestó Lucía. - Tanto peor para mí si tuviese que alargar mi permanencia, que solo debe ser de cuatro ó seis meses;-repuso Manuel. Don Fernando adelantó dos pasos ganando á la pareja para abrir la puerta de calle; pues, ya habían llegado á su casa. -Pasará usted á descansar Manuel;-dijo Lucía soltando el brazo de su acompañante. -Gracias, no señora. Mi madre ten'1ría cuidados si me demorara y quiero ahorrarle esas molestias;-
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