Aves sin nido
70 AVES S1N NIDO so Manuel. Y doña Petronila continuó con la llane– za de .su alma: -Ustedes no le conocen; pues, si recien viene despues de ~iete años y ocho días. Tómen, pues, asiento-dijo señalando con ademán el sofá. -Qué jóven tan simpático es su hijo doña Petro– nila; - repuso Lucía. -Permítame usted su sombrero, don Fernando; -dijo Manuel recibiendo el sombrero que aquel tenía en la mano, y colocándolo sobre la mesa. Todos quedaron sentados, "próximos unos á otros, y la conversación comenzó expansiva y franca. Manuel era un jóveil de veinte eneros, de estatu- . ra competente, es decir, ni alto ni bajo; de semblante dulce y voz cuyo timbre sonoro le atraía las simpa– tías á sus oyentes. Sus labios rojos y delgados es– taban sombreados por un bigote muy negro y sus grandes ojos resaltaban por un círculo ojeroso que los rodeaba. Su palabra fácil y su porte amanerado complétaban el conjunto de un jóven interesante.. -¿Ha elegido usted profesión? - preguntó don don Fernando dirigiéndose á Manuel. - Sí, señor Marín, estudio segundo año de Dere– cho; pien'3o ser ab0gado, si la suerte me protege;– respondió con modestia el hijo · de doña Petro~ nila. -Le felicito amigo; el vasto campo de la J uris– prudencia ofrece encantos á la inteligencia-dijo don Fernando; ·á lo que Manuel repuso: -Cualquiera de las otras profesiones tambien lo
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