Aves sin nido

CLORINDA MAT'l'O DE T UltNEtl 69 ~e:..============================================ XV El sol de la felicidad alumbraba la casa de doña P etronila con los más puros de sus rayos. Doña Petronila era la madre venturosa porque había estrechado en sus brazos, despues de larga ausencia, á su querido Manuel, al sueño de sus ho– ras dormidas, al delirio de sus dfas tristes; al hijo de su corazón. Manuel que salió niño de Kíllac, h8¿bía vuelto con– vertido en todo un hombre de bien, no habiendo perdido un día en las labores escolares. Manuel se encontraba sentado junto á su madre, teniendo las manos de ~sta entre las suyas, contem– plándola embelesado de satisfacción y departiendo las confidencias de familia. Don Fernando y Lucía aparecieron en la puer~ ta, y al verlos pusiéronsé de pié doña Petronila y Manue], quien fué presentado por su madre con ese lenguaje inventado por las buenas madre~. Así, dijo: -Señora Lucía, señor Marín; éste es pues Ma-, n uelito, mi niño, tan chiquito como se fué!. •• -Señora Petronila -Señor don Manuel-dijeron á su vez los espo- sos Marín. -Señora á los piés de usted ... ; caballero-repu· 9

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