Aves sin nido

AVES S!N NIDO la quiquijaneña; francamente, qué rabisalsera y bue– na mozota que és! Creo que· usted tambien mi cura estaba rondando esos barrios, francamente;-dijo con aire de chanzoneta don Sebastian, á lo que él' repuso riendo: -¡Qué mi gobernador!-y le dió una palmadita en el hombro. -Adios, pues, mi cura, es hora de retirarse, y francamente que la noche está friecita como puna. - A ver un garrito para Ja cabecera, usted se irá á roncar,-dijo el cura Pascual sirviendo dos copas llenas y alcanzando una á Pancorbo. - ¡Qué á roncar! francamente, yo ni voy ·á mi casa; me quedar~ por ahí, por donde la Rufa, para · ver mejor cómo se portan los muchach.os . -Bueno, bueno mi don Sebastian; así que, hasta prontito;-repuso el cura dándole un apretón de manos á su amigo. · Un cuarto de hora deBpues, en todos los tendu– chos donde se vendía licor se oía algazara, disputas, glosas de marineras con acompañamiento de guitarra y bandurria, y los jaleos del ·baile como que corría abundante ·el sumo de la vid. · Y las víctimas signadas para el sacrificio con la paz en el alma y la felicidad en sus amantes corazo– nes, se dirigían en aquellas mismas horas á cas.a de don Sebastian, de su oculto verdugo, en busca de la esposa de éste.

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