Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 65 de aquel momento todos bebían de su cuenta y vo– luntad, obligando en breve á que se abriese de nuevo el escaparate para surtir las botellas. El ánimo exaltado por el licor comenzó á produ– cir discursos acalorados, y el cura Pascual llamando al pongo le dij o en secreto: - ¿Y a. hirvió la agua? - ·Sí, tata curay; tambien la señora ha venido. -Bueno, dile que pase pues á la alcoba, que me aguarde, y tú· trae todo listo. . El pongo ágil como bien ejercitado en esta clase de servicios, no tardó en colocar á la mesa las tazas y una tetera de loza blanca surtida de té en .estado de reposo; quedando en la puerta las dos mujeres mitayas Manuela y Bernarda, de la servidumbre de la casa parroquial. -Tomaremos una tacita de té, caballeros;-dijo el cura Pase u al. -Tanta·molestia;-repondieron varios. -A ver, yo me encargaré de ésto;-dijo Escobe'." do agarrando la tetera por el asa. -Con bastante tranq_uita raspada, · eh? hace un friecito, francamente - observó don Sebastián, fro– tándose las manos y fingiendo cierta tosecita. -Ahora que vamos á tratará lo sério, hemos he– cho muy mal de venir todos reunidos;-hi~o notar Estéfano. -Ciertamente. Es preciso salir disimulando;-· opinó Escobedo. -Conviene llamar al campanero para esplicarle
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