Aves sin nido

58 AVES SIN NIDO Don Fernando detuvo la mirada con insistencia escudriñadora sobre el rostro .Y el porte de la niña, y dijo á su esposa: -Has reparado la belleza tan particular de esta criatura? -Y que nó, Fernando? Desde que. la ví estoy profundamente interesada por ella. -Esta mña debe educarse con esmero;-dijo don Fernando tomando ·con cariño la mano de Mar– garita, que silenciosa como un clavel, mostraba su belleza y esparcía el aroma de sus encantos. -V a á ser nuestra ahijada, Fernando; me ha ha– blado para esto !iiarcela, no ?-dijo Lucía dirijiendo su final á la madre de Margarita. -Sí, n1ñay -Sí Bespondieron á una voz Juan y Marcela. .-Hablaremos de ello mañana; por hoy, váyanse á descansar tranquilos;-agregó don Fernando, levan– tándose y dando dos suaves palmaditas en los carri– llos á Margarita y Rosalía simultáneamente; y toda ]a familia Yupanqui salió renovando su -gratitud. con esas sublimes frases -¡Dios le~ pague! -¡Dios les bendiga! -Adios; vengan cuando gusten;-_les dijo Lucía con.adem.án amistoso. Tras de los esposos Yupanqui y sus hijas, cerró don Fernando la mampara y preguntó á Lucía: -Cuántos años tendrá Margarita?

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