Aves sin nido
CtORINDA MATTO DE TÜRNER 59 -Su madre dice que tiene catorce, pero su talla, su belleza, el fuego de · sus ojos negros, todo revela en ella los tintes que la·mujer adquiere entrad~ ya en los linderos de 1a pubertad. -No es extraño, hija; este clima es exhuberante. Pero, ahora debemos pensar e:n otra cosa. Acuérda– te que debemos varias visitas á doña Petronila, y deseo que vayamos esta noche. Así quedará ella des- . impresionada de lo que pueda haberle contado don · Sebastián. · · -Como gustes, Fernando; doña Petronila es una excelente señora~ En eso del dinero, te suplico que arregles con el gobernador pagándole. Estos se en– conan cuando se les escapa un duro de entre las manos. -Bien los conoces, hija. -No ves como quedó en paz el cura? Ahí tengo el resto de los doscientos soles que te ped~. -Ocurrencia la tuya! descuida, hija; eso Jo to– maré yó á cargo, y no habrá molestia alguna por la falta de entrega. · -Fernando, cuán bueno eres! Así se lo voy á de– cir á doña Petronila, .si se ofrece. Y á propósito, me dicen que su hijo está próximo á llegar. -Lo siento, porque un jóven acá se malogra. - Voy pues á cambiarme la bata,-dijo Lucía di- rij iéndose al interior,-no te haré esperar siglos.
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