Aves sin nido
CLORI~DA MA'l''.tO DE TU.RNl<.)R 51 madre; pues, séa por gracia de predestinación, séa por haber ganado la batalla su ángel bueno en la lucha con el mal, se libró de ser contaminado en la corriente de depravaci6n opresiva que existe en los puPblos chicos, llamados con fundada razón y justi– cia, infiernos grandes. XII Marcela que se encaminó á la casa del párroco, seguida de su graciosa Margarita, llevando los cua– renta soles de pi ata, halló al cura Pa~cual sentado junto á la puerta de su pequeño gabinete, cerca de un a mesa de pino tosca y añosa, cubierta con un paño que dejaba sospechar haber sido azul en sus tiempos de es treno. Tenía en la mano izquierda el BREVIARIO con el dedo índice metido á la mitad del volúmen entre foja y foja, y recitaba, aunque ma– quinalmente, el rezo del día. Marcela llegó con paso tímido, y dió el saludo así: -Ave María Purísima tata curay ;-y se inclinó á besar la mano del sacerdote, enseñando á Marga– rita ·que hiciese otro tanto. El cura, fijándose en la muchacha y sin apartar la vista repuso: -Sin pecado concebidaj-y luego agregó -de dónde me has sacado, bribona, esta chica tan guapa y tan rolliza?
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