Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNE:R 49 -Quítate, mujer, tú siempre estás con estas can– taletas. Francamente, las mujeres no deben mez– clarse nunca en cosas de hombres; sino estar con la aguja; las ca1cetas y los tamalitos, eh ?-contestó enfadado Pancorbo; pero doña Petronila insistió en la réplica. -Sí, eso dicen todos los que para acallar la voz del corazón y del buen consejo, echan á ur. diantre nuestr~s sanas prevenciones. ¡Acuérdate Ohapaco! -agreg6 con intención, golpeando la mesa con la palma de la mano; y ealió haciendo una mueca des– defíosa. Don Sebastian lanzó un ¡uff! parecido á un bufi do, y se puso á torcer tranquilamente un cigarro. XI Doña Petronila Hinojosa, casada según el ritual romano con don Sebastian Pancorbo, tocaba en los umbrales de los cuarenta años, edad en que había adquirido la propiedad de un cuerpo robusto y bien compartido, grueso sin llegar á los límites de la obesidad. Su :fisonomía revelaba, al primer exámen, una alma bonachona que, en el curso de la vida y en un centro mejor que aquel en que le cupo Ja suerte de nacer, podía despuntar de noble y en aspirac10· nes elevadas.
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