Aves sin nido

48 AVES SIN NIDO pasó el pliego á don Sebastián. Este se dió un gol– pecito en el bolsillo cartera del chaqué y dijo M . t . ·? - IS an eOJOS •.••••• Los anteojos estaban colocados al borde de la sal– villa de péltre; los vió don Sebastian y calándoselos repasó la escritura; des pues dobl6 el papel, lo guar– dó en el bolsillo, y dirijiéndose á don Fernando le dijo. -Muy bien, francamente, estamos arreglados señor Marín; mis respetos á mi eeñora Lucía. -Gracias, adios ;-repuso don Fernando con ama– bilidad, alargando la mano que estrechó el gober– nador, y salió sacudiendo el polvo de aquella facto– ría de abusos. Con él salió J !lan llevando en sus brazos á la pequeña Rosalía. Apenas dejó don Fernando la sala del goberna– dor, entró la mujer de éste, y tomándole el brazo con cierta dureza le dij o: -Si no puedo ya contigo Sebastian! Tú me vas ·á hacer tan desgraciada como á la mujer de Pilatos, condenando tanto justo y poniendo tus garabatos en tanto papel que más provecho te dejara no leerlo siquiera. -Mujer!-dijo con aspereza por toda respuesta don Sebastian; pero su esposa continuó: -Estoy al cabo de todo lo que usbdes fraguan contra este pobre don Fernando y su familia, y te pido que te apartes. ¡Apártate, por Dios, Sebastián! Acuérdate de ........ nuestro hijo, se avergonzaría mañana.

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