Aves sin nido
46 AV.ES SIN N IDO del caso por el más afamado sastre de Arequipa. La persona de don Fernando Marín era distin- . guida en los centros sociales de la capital peruana, y su fisonomía revelaba al hombre jm;to, ilustrado en vasta escala, y tan prudente como sagaz. Más alto que bajo, de facciones compartidas y color blanco, usaba patilla cerrada y esmeradamente cria– da al continuo roce del peine y los aceitillos de O.riza. Ojos verde claro, naríz perfilada, frente des~ pejada y cabellos taíño ligeramente rizados y pei– nados con cuidado. Cuando penetró al salón-despacho del gobernador, se descubrió con política, tomando en la mano iz– quierda su sombrero de paño negro, y alargándole la diestra á Pancorbo, dijo: -Escúseme don Sebastian si interrumpo sus labores, pero. el cumplimiento de un deber de hu– manidad me tráe á solicitar de usted que le sea de– vuelta, á este hombre, la hijita que le han tomado' sin duda en rehenes por una deuda, y que sea casti– gado el autor de ese delito. -Tome usted asiento, mi don Fernando, y ha– blemos despacio: estos indios, francamente, no de– ben oír esas cosas;-respondió don Sebastia.n va– riando de lugar, y sentándose casi junto á don Fer• nando continuó en voz bien baja: -Verdad que le han traído la hijita, ahí está pues, . pero eso, francamente, és solo un ardí para obligarlo que pague unos dos quintales de alpaaho que debe desde ahora U!l año.
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