Aves sin nido

CLOlUNDA MATTO bE TURNER 45 Digamos á los canibus y huachipairis que no có– man las carnes de sus prisioneros, sin haberles dado antes las nociones de la humanidad, el amor frater- · nal y la dignidad que el hombre respeta en los de– rechos de otro hombre; y pronto seremos tambien reducidos á pasto. de aquellos antropófagos, disemi– nados en tribus en las incultas montañas del « Uca– yali» y el «Madre de Dios.)) · J uz5amos que solo és variante de aquel salvajis– mo lo que ocurre en Kíllac, como en todos los pe– queños pueblos del interior del Perú, donde la ca. rencia de escuelas, 1a falta de buena fe en los párro– cos, y la <lepra vación manifiesta de los · pocos que comercian con la ignorancia y la consiguiente sumi– sión de las masas, alejan, cada día más, á aquellos pueblos de la verdadera civilización, que cimentada agregaría al país secciones importantes con elemen– tos tendent{1s á su mayor engrandecimiento. Don Fernando se presentó en compañía de Juan en casa del gobernador, quien se encontraba rodeado de gente, despachando a.suntos que él llamaba de alta importancia,· gente que fué desfilando sin etique– ta hasta dejar solos á Pancorbo y el señor Marín. Casi á la entrada de la casa estaba en cuclillas una chiquilla de cuatro años de edad, que al ver á Juan se abalanzó á él como perseguida por una jau– ría de mastines. Don Fernando penetró sério y pensativo. Vestía un terno grís de tela tejida en las fábricas de casimir de Lucre, confeccionado con todo el arte G

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