Aves sin nido
42 AVES SIN NIDO -Es posible, gran Dios!!-exclamaba Lucía em– palmando las manos al cielo, cuando apareció en la puerta la simpática figura de don Fernando, alcan– zando á escuchar las palabras de su esposa, y que– dándose un tanto irresoluto. para proseguir sus pa– sos al ver los semblantes de los indios que rodeaban á Lucía, quien, al v@rle, fué á arrojarse en sus bra.. zos diciendole: --Fernando, Fernando mio! Nosotros no podemos vivir aquí! Y si tú insistes, viviremos librando la sangrienta batalla de los buenos contra los malos. Ah! salvémoslos. ! Mira á estos desventurados padres. Para socorrer á éstos te pedí los doscientós soles, pero aún antes de haber hecho uso de ellos.les han arrebatado su hija menor y se la llevan á la 'Venta! Ah! Fernando! ayúdame porque tú crees en Dios, y Dios nos ordena la caridad ántes que todo. -Señor! -Wiracocha! Dijeron á una voz Juan y Marcela estrujando sus · dedos mientras Margarita lloraba en silencio. -Sabes dónde ha ido el cobrador llevando á tu hjja?-preguntó don Fernando dirijiéndose á Juan, y disimulando las emociones que se traslucían en su semblante, pues él no ignoraba de los medios que empleaban aquellas gentes notables como uso cor– riente. -Sí señor! donde el gobernador han ido,-con– testó Juan. -Pues, vámos, sígueme-ordenó don Fernando
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