Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 37 Estéfano Benites cuenta veintidos años debajo del sol; es alto y su flacura singular, unida á la palidez de la cera que muestra su semblante, cosa rara en el clima donde ha nacido, recuerda la tísis que consu– me el organismo én los valles tropicales. Estéfano tomó la botella dejada por el pongo en la mesa de centro, y sirvió á cada uno su respectiva copita de aguardiente que los concurrentes fueron tomando por turno. . Cúpoles la ra:ción de dos copas por est6mago; á la segunda quedó abierto el apetito del copéo y las bote– llas fueron llegando una trns ot~·a á pedimiento de don Sebastián. El cura y el gobernador que se sentaron juntos en el sofá de la derecha, hablaban en secreto no sin la respectiva muletilla de Pancorbo, que se dejaba oír á menudo mientras los otros razonaban tambien en grupo. Pero, como la confianza reside en el fondo de la botella, ésta .no tardó en saltar á la lengua, mojada por el puro de Majes, y aquí fué la de hablar claro de pé á pá. - -No debemos consentir por nada, francamente, mi señor cura; y si nó ¡que digan estos caballeros!– dijo don Sebastián levantando la voz y golpeando la mesa con el asiento de Ja copa que acababa de vaciar. -Chist!-· repuso el cura sacando un pañuelo de madrás á grandes cuadros negros y blancos, y sonán– dose las narices más .por disimulo que por necesidad_ -De qué se trata señores?-p'reguntó Estéfano, y todos volvieron con ademán hácia el párroco.
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