Aves sin nido
36 AVES Sl N NIDO claveteados con tachuelas amarillas de cabeza re– donda; algunas silletas de madera de Paucartambo con pinturas en el espaldar, figurando ramos de flo– res y racimos de fruta; al centro, una mesa redonda con su tapete largo y felpado de castilla verde claro, y sobre ella. bizarreando con aires de civilización, una salvilla de hoja de lata con tintero, pluma y are– nillador de péltre. Las paredes empapeladas con diversos periódicos ilustrados, ofrecían un raro conjunto de personajes, animales y paisajes de campifü1s europeas. Allí estaban empapelados Espartero y el Rey Humberto, junto á la garza que escuchó los sermo– nes de San Francisco de Asís; más allá Pío IX y la campiña de Suiza donde departen sus regocijos campestres, la alegre labradora y la vaca que lleva un cascabel en el pescuezo. El suelo cubierto completamente con las esteras tejidas en Ooapana y Oapachica, ofrecía una vista simpática en el color de la paja en su mejor estado de conservación. La reunión constaba de ocho personas. El cura y el gobernador; Estéfano Benites, un mozalvete vivo y de buena letra que, aprovechando de las horas de escuela algo m1s que los condiscípu– los, es yá figura importante en este juego de villor– rio; y cinco individuos más pertenecientes á familia– distinguidas del lugar, todos hombres de estado por haber contraído matrimonio desde los diez y nueve años, edad en que se casan en estos pueblos.
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