Aves sin nido
30 AVES SIN N1D<J Tú estás desconfiado y taciturno, pero, mi corazón me está habland0 sin cesar desde ayer. -Anda, pues, Marcela, anda, porque hoy de to– dos modos vendrá el cobrador; yó lo he soñado, y no nos queda otro recurso-contestó el indio en cuyo ánimo parecía haberse operado una transición no– table, bajo el influjo de las palabras de su mujer y la superstición avivada por su sueño. VII. Aquella mañana la casa blanca respiraba felici– dad, porque la vuelta de don Fernando comunicó alegría infinita á su hogar donde era amado y respe– tado. Empeñada Lucía en hallar los medios positivos para llevar á realidad sus propósitos de socorrer á la familia de Juan Yupanqui, pensó, desde luego, explotar la poesía y la dulzura que encierra para los esposos la primera entre\.,.ista, des pues de una ausen– cia. Ella, que horas ántes parecía lánguida y triste como las flores sin sol y sin rocío, tornó lozana y erguida en brazos del hombre que la confió el san– tuario de su hogar y de su nombre, el arca santa de su honra, al llamarla esposa. La cadena de flores que sujetó dos voluntades en una, estrechó de nuevo á los esposos Marín sujetan.. do los eslabones el dios del Amor.
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