Aves sin nido

CLORINDA . MAT'l'O DE TURNER Juan, quien atrajo hácia sí á sus dos hijas, y á Mar– cela que tomaba en esos momentos dos. ollas de barro negro colocadas en el fogón; y todos en grupo com– partieron de una cena agradable y frugal. Terminada la cena y ya envuelta la choza en las tenebrosas sombras de la noche, y sin otra lumbre que la ténue llama de los palos de molle que de vez . en cuando se levantaba del fogón, tomaron descanso en una cama común colocada en un ancho poyo de adobes; duro lecho que para el amor y la resignación de los esposos Yupanqui tenía la blandura conforta– ble de las plumas que el Amor deslizó de sus blan– cas alas. Lecho de rosas donde el amor, como e1 primitivo sentimiento de "ternura, vi ve sin los azares y sin los misterios de media noche que la ciudad comen ta en voz baja, no alcanzando tampoco que esto sea un secreto ...•........................................................ Una vez que esta historia llegue á los relatos de · la ciudad más opulenta del Perú, donde se dirijen los protagonistas; tal véz tendremos ocasión de po– ner en paralelo el despertar del campo y el trasno· char de la capital ............... . ................. . No bien asomó la hora conveniente, la familia de Juan dejó el humilde chuze tejido con florones de .castilla; rezó el ALABADO, santiguóse la frente, y comenzó las faenas del nuevo día. Marcela, en cuya mente bullían las ideas, fué la primera en decir -Juanico, yo me voy luego donde la señora Lucía. 4

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