Aves sin nido
28 AVES SIN NIDO -Pobre flor del desierto, Marluca-dijo el indio moviendo la cabeza y tornando á la chiquilla Rosalía que iba á abrazar sus rodillas-tu corazón és como los frutos de la penca: se arranca uno, brota otro sin nece~idad de cultivo. Yo soy más viejo que tú y yó be llorado sin QSperanzas! -Yo nó, aunque me digas que imito á la tima, pero, ayalay, mejor así que ser lo que tú eres, lapo– bre flor del mastuerzo que tocada por la mano se marchita y ya no se levanta. A tí te ha tocado la mano de algún brujo; pero yo he visto la cara de la Virgen lo rnisrno, lo mismito que la cara de la seño– ra Lucía-dijo la india y rió como una chiquilla. --Será-respondió melancólico J nao-pero yó llego rendido del trabajo sin traer un pan para tí, que eres mi virgen y para estos pollitos-y señaló á las dos muchachas. -Te quejas más de lo preciso, hombre; acaso no te acuerdas que cuando el tata cura llega á su casa con los bolsillos llenos con la plata de los responsos de Todosantos no tiene quien le espere, como te es– pero yó, con los brazos abiertos ni con los besos de amor con que te aguardan estos angelitos?-.....• In– grato!. ..... piensas en el pan; aquí tenemos mote frío y chnño ·cocido que con su olor nos convida desde el fogón ...... comerás ingrato!.. .... . Marcela estaba demudada. Las esperanzas que Lucía le infundió la hicieron otra; y su lógica mez– clada con la voz del corazón, que es inherente al corazón de la mujer, era irresistible, y convenció á
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