Aves sin nido

cto1UNDA MAT'ro bl!: TURNER 27 en el aire sobre la manera de participar á Juan las buenas nuevas que le esperaban. · Las horas, por ésta misma razón, se hicieron lar– gas; pero, al fin llegó el crepúsculo vespertino abar:.. cando con sus sombras ténues el valle y la población, y despidiendo d~ los camp0s á las cantoras palomas que revoloteaban en distintas direcciones en busca de su árbol bienhechor. Con éstas volvió Juan, y no bien hubo sentido los pasos de su esposo, salió Marcela en su alcance: le ayud6 á atar la yunta de bueyes en la cerca, echó la granza en el pesebre, y cuando su marido se sentó en un poyo de la vivien– da; comenzó ella á . hablarle con cierta timidéz que revelaba su desconfianza, acerca de si Juan recibiría con agrado las noticias . . -Tú conoces, Juanuco. á la señoracha i.ucía?– preguntó la mujer. -Como que voy á la misa · M arluca y allí se co– noce á todos-respondió Juan con ~ndiferencia. -Pues, yó he hablado con ella hoy. -Tú? y para qué ?-preguntó sorprendido el in- diü- mirando con avidéz á su mujer. -Estoy apenada con todo lo que nos pasa; tú me has hecho ver claro que la vida te desespera ..... . -Vino el cobrador ?-interrumpió Juan á Marce– la, quien repuso con calmo9a y confiada expresió_n: -Gracias al cielo que no ha llegado; pero, óyeme, Juanuco, yo creo que esa señoracha podrá aliviar– nos; ella me ha dicho que nos socorrerá, que vayas tú ..... .

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