Aves sin nido

26 AVES SIN NIDO cual decía el señor Marín que en la madrugada del día siguiente estaría de regreso en su casa; pues, los derrumbes ocasionados por las repetidas nevadas en la regi6n andina, habían paralizado por un tiempo los trabajos en los minerales, y que le enviasen un caballo de refresco por estar sin herraduras el que lo · conducía. VI. Cun.ndo Marcela volvió á su choza llevando un mundo de esperanzas en el corazón, ya sus hijas estaban despiertas, y la menorcita lloraba desconso– lada al encontrarse sin su madre. Fu~ron suficientes . algunos halagos de ésta y un puñado de mote, para calmar á esa inocente predestinada que,· nacida en– tre los harapos de la choza, lloraba, no obstante, las mismas lágrimas saladas y cristalinas que vierten Jos hijos de los reyes. Marcela tom6 con afán los tacarp1is donde se co-. loca el telar portátil que, ayudada por su hija mayor, armó en el centro de la habitación,. dejando prepa– rados los hilos del fondo y la trama, para continuar el tejido de un bonito .poncho listado con todos lo~ colores que usan los indios mediante la combinación del palo-brasil, la cochinilla, el achiote y las flores del qitico. ,Jamás tomó la cuotidiana labor con más alegría de ánimo, ni nunca hizo la pobre mujer más castillos

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