Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 25 El comedor de la casa blanca estaba pintado, en su techo y paredes, imitando el roble; d~ trecho en trecho pendían lujosos cuadros de oleografía repre– sentando ya una perdíz medio desplumada, ya un conejo .de Castilla listo para echarlo á la "cacerola del guisante. En la testera izquierda alzábase un aparador de cedro con lunas azogadas que duplica– ban los objetos de uso colacados.con simetría. A Ja derecha se veían dos pequeñas mesitas, una con un tablero de ajedrez, y otra con una ruleta; como que aquel era el lugar que.los empleados de los minera– les habían elejido para sus horas de soláz. La mesa de comer .colocada al centro de la habitación, cu– bierta con manteles bien blancos y aplanchados, lucía un servicio de campo, todo de loza azul con filetes colorados. La sopa .exhalaba un espeso vapor que con su fragancia notificaba ser la sustanciosa cuajada de carne, preparada de lomo molido con especias nue– ces y bizcocho, todo disuelto en el a,quado y caldo; siguiendo á ésta tres buenos platos entre los que formaba número el sabroso locro colorado. Servían el café de Carabaya que claro, caliente y cargado, despedía su· aroma inspirador desde el fon– do de pequeñas tazas de porc~1ana; cuando se pre– sen~ó un propio con una carta para Lucía, quien la tomó con interés y reconociendo la letra de don Fernando, rompí6 el sobre y se puso á lerla de lijero, Las impresiones de su semblante podían revelar al observador, el contenido de aquella misiva, en la ·
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